Sábado, diciembre 16, 2017

Sep7imo Día: Circo, maroma y nostalgia

 

Cuenta la historia que Zeta, Charly y Gustavo formaban en cada uno de sus shows un triángulo al que nadie podía entrar, ni siquiera sus invitados en el escenario, pero el Cirque du Soleil rompió la regla: para las decenas de cuerpos que en suspenso escuchamos la historia, sabernos parte de esa figura en el Zoom Zone nos subió el ego, provocó sórdidos y orgásmicos gritos de malicia, de alegría, de complicidad; a esa onda expansiva de ruido le siguió una de armonía, la razón: un soundtrack inigualable.

La compañía canadiense de entretenimiento circense se quedó corta para un grupo como lo fue Soda Stereo, sin embargo dieron un espectáculo de gran calidad. Que no resaltara tanto como se esperaba no fue su culpa, no fue el entramado de figuras y piruetas que crearon en el aire, ni las coreografías tan bien ejecutadas, las cuales sin duda alguna merecieron minutos de aplausos.

La mayor parte de la ovación fue producto de la melancolía, de recordar a un grupo que en su segunda vuelta al sol vio truncado su camino tras la muerte de su vocalista y guitarrista. Muchos de las palmas que resonaron en el Palacio de los Deportes, que cuenta con ese peculiar eco revientaoídos, se debían de cada una de las canción que los antecedían, por un momento parecía que estos mexicanos estuviésemos frente a Gus, Zeta o Charly.

Séptimo día, Prófugos, Te hacen falta vitaminas, Mi novia tiene bíceps, Persiana americana y Música ligera fueron unas de las canciones que cantaban y bailaban, incluso sólo los coros gracias a una errática memoria o por sólo saber esas partes.

El show realmente se sintió cuando sonó Sobredosis de TV, con un espectáculo que caracteriza siempre a este circo, un acto de comedia a cargo de una persona de la tercera edad, primera vez donde los coros fueron sustituidos por carcajadas.

La pieza donde las lágrimas casi rozan las mejillas, Te para tres, donde artistas tocaron guitarras acústicas mientras era el público quien daba voz a la letra que se proyectaba en el escenario; así como una parte de Fue.

Al final, uno se impacta de ver que, si bien la mayoría de los asistente eran personas de entre los 30 y 50 años, adolescentes de entre 15 y 18 años salían extasiados por ambas partes, el deseo de ser acróbatas y el de memorizar cada una de las letras del show y otras más.

Sin duda Soda Stereo se llevó la noche del Circo del Sol.

 

 

 

 

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