Miércoles, agosto 23, 2017

Quintana Roo: funcionarios poblanos, empresarios, autodefensas y caos

Por las redes sociales circula desde principios de julio el video de un empresario quintanarroense de nombre Carlos Mimenza, que convoca abiertamente a la ciudadanía de la entidad a conformar autodefensas para librarse de lo que él llama el cártel de Carlos Joaquín González, gobernador que entró en funciones gracias a la coalición formada por el PAN y el PRD, la que destronó a las administraciones históricas del PRI, la última, bajo la dirección del infausto Roberto Borge, detenido en Panamá en junio de 2017 y funcionario público del nivel de otros como los Duarte –Javier y César- a quienes las sociedad les acomodó el mote de los virreyes, gobernadores todopoderosos y todocorruptos.

Pareciera que las cosas no han cambiado en Quintana Roo: González es acusado de haberse rodeado de una especie de secta de funcionarios poblanos cuyo liderazgo corre a cargo de Juan Melquiades Vergara, secretario de finanzas que resultó accionista de 15 empresas que no reportó en su declaración 3 de 3, según el diario Reforma, y que hizo jugosos negocios durante la administración del exgobernador Rafael Moreno Valle. De hecho, Mimenza afirma que la campaña del actual mandatario del sureste fue presupuestada con dinero del best seller poblano que promociona y promociona por todos lados su libro La fuerza del cambio y que no existe en ninguna librería. Incluso, según información que ha salido a la luz, Vergara en funciones, enfrenta una denuncia ante la PGR por peculado, enriquecimiento ilícito y lavado de dinero.

A través de otros medios, Carlos Mimenza denunció casos de corrupción y enriquecimiento ilícito de varios funcionarios del actual gobierno; en febrero de 2017 ante la periodista Carmen Aristegui dio a conocer una supuesta red de corrupción entre administraciones de varios estados del país, entre otras, Puebla, Veracruz, Chiapas, Yucatán y Quintana Roo.

No queda claro cuáles son en realidad los móviles detrás de la denuncia de Mimenza, aunque resulta obligado y hasta natural sentirse del lado de un luchador que combate a los corruptos y a los impunes, es decir, como gran movilizador de la sociedad mexicana que parece estar harta, la bandera natural de comunión es el combate a la corrupción, la impunidad y sus vertientes. Pero no existe un planteamiento adicional, de modo que la conformación de una autodefensa corre el riesgo de transformarse en una suerte de vendetta; porque sin un proyecto político, social y comunitario que la respalde, una autodefensa no es otra cosa que un grupo paramilitar, una guardia blanca de las que han existido en México desde hace mucho tiempo.

Los grandes estadistas en la historia se han distinguido por ir paso a paso, por contar con el talento de observar, prever y actuar; en otras palabras: por medir el pulso social y transformarlo de demanda a acción concreta. En este país convulsionado, violento y que parece a punto de romperse en pedazos, desde luego ya es un avance conformar organizaciones indignadas por la voracidad y el desparpajo, pero preocupadas por el país que tenemos y porque al menos algo quede en pie.

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