Sábado, julio 22, 2017

Pequeña crónica de una gran infamia electoral

Durante el reciente proceso electoral en el estado de México, en las zonas rurales las prácticas fraudulentas se dieron con mayor descaro. Villa del Carbón es un municipio situado al norte del estado; se encuentra a un par de horas de Atlacomulco. Su valor cultural lo eleva al rango de pueblo mágico, enclavado en la zona boscosa del noroeste del estado, con sólidos asentamientos demográficos de las culturas nahua y otomí. Fuera del pequeño y pintoresco zócalo de la comunidad, las colonias se encuentran enclavadas en las propias zonas boscosas de manera que hay que caminar grandes distancias entre una casa y otra. Villa del Carbón es un ejemplo claro de las comunidades que habitan y conforman el campo mexicano. En esas comunidades, el fraude electoral fue exorbitante.

Conocedores de la complicada geografía, los representantes del IEEM entregaron los nombramientos para representantes de casillas electorales de Morena, el sábado 3 de junio, apenas unas horas antes del proceso electoral. Días antes, muchos de esos representantes de casillas (RC) de Morena fueron intimidados con llamadas telefónicas amenazantes de que si se presentaban a ocupar sus lugares el día de la elección, sufrirían represalias como golpizas e incluso la muerte. Los RC no se amilanaron. La noche del sábado 3 de junio, al ir a entregar nombramientos a la comunidad de Pueblo Nuevo, el diputado por Morena en la LXIII legislatura de la Cámara de Diputados, sufrió un atentado mientras manejaba su vehículo: personas en una camioneta pick up le cerraron el paso, descendieron 4 sujetos con armas largas, y a diez metros de distancia les apuntaron a él y tres personas más que lo acompañaban en la entrega de nombramientos. Tuvieron que ser escoltados por el comandante del municipio en un recorrido de 2 horas, aproximadamente. El diputado y sus acompañantes resultaron ilesos.

El domingo de la elección, las prácticas ilegales comenzaron una vez instaladas las casillas. En la comunidad de El Cerrito, por ejemplo, la actividad fraudulenta comenzó en el mismo momento en que se abrieron las tres casillas electorales de la sección 5713, distrito electoral número 14. Los operadores del PRI se ubicaron en una tienda miscelánea a cuarenta metros de la escuela donde se instalaron las casillas. Desde ahí trabajaron desde las 9 horas hasta aproximadamente las 13 horas. Su manera de proceder: vehículos conducidos por jóvenes de entre 18 a 23 años bajan a cinco o seis personas en la miscelánea; ahí, las personas reciben dinero y luego se dirigen a la casilla; previamente, frente a la casilla se ubican de dos a cuatro personas que se identifican como trabajadores del ayuntamiento o junta auxiliar del Cerrito, dentro de la casilla electoral; las personas acarreadas “pasan lista” con los funcionarios, y salen del lugar para regresar a la unidad que los trajo a votar, y volver a sus lugares de origen. Este procedimiento duró hasta que miembros de Morena que coordinaban la zona llegaron al lugar y fueron informados de la situación, en donde se formó un connato de bronca entre los operadores del PRI y los brigadistas de Morena. Los RC de Morena levantaron una inconformidad desde que los funcionarios del ayuntamiento se instalan frente a la urna donde se ejerce el voto, pero ni la presidenta de la mesa, ni su secretaria, y tampoco los representantes del INE con chalecos color rosa, se encargaron de mover a dichos funcionarios, hasta que llegaron los brigadistas de Morena. A las 16 horas, aproximadamente, llegaron a la casilla los caciques del lugar: dos hombres de mediana edad vestidos a la forma de Juanón Teporochas o Briagoberto Memelas, legendarios personajes de la familia Burrón, con cuatro pistoleros, para saber si las cosas marchaban normalmente. Saludaron incluso a los brigadistas de Morena y luego partieron en una camioneta Lobo color blanco.

Esa casilla cerró a las 18 horas con los siguientes resultados: Casilla básica: PRI 215 votos; Morena 85 y nulos 9; casilla contigua 1: PRI 172 votos; Morena 91 y nulos 8; casilla contigua 2: PRI 206 votos; Morena 82 votos y nulos 12. El acarreo y las operaciones ratón loco y carrusel habían surtido cierto efecto en una sección donde un par de años antes en la elección municipal, Morena había recibido en total 15 votos.

Así, el comportamiento de este municipio marcó un patrón en esas comunidades rurales en las que el PRI aún mantiene cierta hegemonía y lastimosamente sigue jugando con la pobreza de la población, ante la complicidad de las autoridades electorales estatal y municipal.

El triunfo de la profesora Delfina Gómez se logró, incluso con estas prácticas; de manera estrecha pero se logró. La inconformidad de la sociedad mexicana está llegando a extremos tales que estas prácticas cada vez tienen que ser más descaradas y vergonzosas, con lo que el sentimiento de discordia contra el gobierno, obligadamente tendría que ir creciendo.

El triunfo de Morena en el estado de México, manchado por el fraude electoral, de ninguna manera debe desanimar ni a sus militantes, ni a sus simpatizantes. Todo lo contrario. Los de Morena pueden sentirse seguros de que, el día de hoy, ellos representan auténticamente el único cambio que por vía democrática puede transformar el rumbo económico y político de México. De ahí, la animadversión de las clases conservadoras de este país que, por cierto, no son pocas aunque sigan siendo minoría.

 

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