Jueves, abril 26, 2018

José Antonio Abreu, el arte como derecho de los pueblos

Hay hombres que dejan huella, que abren camino volviéndose ejemplo para las nuevas generaciones, de este tipo fue el maestro José Antonio Abreu, fallecido el 24 de marzo en Caracas, Venezuela. Abreu fue economista, político, director de orquesta, educador pero sobre todo un gestor cultural. Su gran obra fue El Sistema, el proyecto de construcción de una extensa red de orquestas juveniles e infantiles que se creó en 1975 y que desde entonces creció hasta convertirse en un referente a nivel mundial. Haciendo de Venezuela una potencia en términos orquestales, algo que rompe con los lugares asignados por el orden cultural hegemónico.

Detrás de todo proyecto cultural hay una concepción particular de la cultura y el arte, en disputa con otras. En la batalla cultural por el sentido del arte es en donde el maestro José Antonio Abreu adquiere dimensiones de revolucionario, ya que su proyecto El Sistema avanzó en convertir al arte en un derecho del pueblo. Derecho en un sentido amplio, al goce, pero sobre toda a la educación y a socializar las capacidades de creación artística.

El arte es un espacio marcado por la diferenciación social, en las sociedades latinoamericanas donde la desigualdad social es extrema, la cultura se vuelve también una cultura de la desigualdad. Así, el arte se vuelve patrimonio de una élite, acomplejada con Europa o EUA, conocedora de la cultura externa e ignorante de la propia. La sociedad de castas de la colonia, se ha extendido hasta nuestros días, y en ella la cultural y arte sirve para separar. Los grandes teatros latinoamericanos fueron espacios de socialización de las elites, de exhibición de su poder, en donde siempre ha quedado excluido el pueblo.

La música clásica de acuerdo a la clasificación hegemónica es para los conocedores, para los instruidos, no para cualquiera. El propio gusto, se tiene que mamar desde la cuna dicen, un piano en la sala es un lujo que sólo unos cuantos, los de siempre, pueden darse. El pueblo tiene su música, ninguneada o respetada, pero es su música, nunca por supuesto equiparable a la clásica. Esta realidad que esconde una discriminación y una injusticia, fue la que combatió el maestro José Antonio Abreu.

El Sistema consiste en llevar la música a los barrios, a los pueblos, al pueblo excluido del gran arte de la música clásica. Llevar no sólo la expresión musical sino sobre todo el poder hacer música a jóvenes y niños del pueblo. No se pensó simplemente acercar la música, sino entregar el poder de hacer música, no fue llevar conciertos sino crear orquestas. Clases de música desde los primeros años de los niños, regalo de instrumentos e integración de orquestas. Con el paso del tiempo El Sistema creció, con el impulso de la R            evolución Bolivariana, atendiendo a más de 800,000 niños y jóvenes, cambiándoles la vida y avanzando en garantizar a la cultura y el arte como un derecho. Por su calidad la orquesta principal del sistema llamada Simón Bolívar ha triunfado alrededor del mundo, y diversos músicos surgidos de este proyecto han volado, integrándose a las mejores orquestas del mundo.

Detrás del éxito de El Sistema siempre estuvo la figura de José Antonio Abreu, quien en la batalla cultural, tomo partido por las mayorías, entendiendo que el arte y la cultura son un derecho de todos. Los beneficios del arte, creación humana por excelencia, no pueden ser privilegios, sino patrimonio de todos. Como gestor cultural su vida de trabajo muestra que el campo del arte y la cultura no es ajeno a las disputas políticas, una batalla por el sentido del arte y la cultura, por el lugar del arte en la sociedad.

La seriedad con el arte y un profundo amor al pueblo fue el motor de vida de José Antonio Abreu. Un hombre incansable, entregado, comprometido, creyente en la posibilidad de otra sociedad ligada a la justicia, la igualdad y el bienestar. Un constructor de horizontes en donde el arte y la cultura sea un derecho de todos. ¡Hasta siempre maestro!

 

 

 

 

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