Martes, enero 23, 2018

Fue el miedo lo que me llevó a convertirme en lector: Alejandro Paniagua

Tuve el gusto de conversar con Alejandro Paniagua, joven escritor mexicano, autor de E sin acento y Los demonios de la sangre, obra que obtuvo mención honorífica del premio LIPP de novela. Nuestra reunión tuvo lugar en la librería del Fondo de Cultura Económica, Rosario Castellanos. Después de estrechar nuestras manos y una breve explicación de la dinámica de la entrevista comencé a conversar con Paniagua.

¿Cómo te iniciaste como lector?

Padezco de epilepsia, cuando yo era niño no había mucha información al respecto y entonces me llevaron con un psiquiatra que se supone es el experto en trastornos mentales. Qué era lo que pensaban que yo tenía, este tipo me dijo que tenía principios de esquizofrenia y que un día me iba volver loco, básicamente es lo que me dijo. Entonces yo crecí con la idea de que un día me iba volver loco y yo en mi desesperación le decía a este doctor: ¿qué hago? Y él me dijo: pues lee al respecto. Y entonces me puse a leer algunos libros sobre psicología y psicosis, como para que yo entendiera más o menos eso. Lo primero que leí fue justamente a Freud, y cuestiones de psicología, entonces digamos que fue el miedo lo que me llevó a convertirme en lector.
¿Qué lee actualmente Alejandro Paniagua?

Bueno, ahorita estoy leyendo mucho ensayo, porque empecé a dar una clase de ensayo en la Escuela Mexicana Escritores, y entonces estoy leyendo a Luigi Amara, pero los últimos seis meses de mi vida, prácticamente puro ensayo. Hay un librito que se llama El mar, de Michellet, se apellida el autor; que yo les recomiendo mucho porque es justamente es un ensayo poético muy bello. Yo jamás en mi vida había llorado con un libro pero en este libro hay un ensayo sobre las ballenas, donde hace una analogía de estos animales con la familia, dado que siempre andan juntos, papá, mamá e hijo, y me hizo llorar, a lo mejor mucho por las carencias, no sé por qué, pero me llegó directamente al corazón este ensayito; y también estoy clavado con un autor que se apellida Müller que es un alemán, que hace teatro, pero también es un teatro como muy poético y tiene un libro maravilloso que se llama Máquinahamlet que es como una reescritura de Hamlet, pero desde la poesía, desde la locura y desde elementos como muy contemporáneos, y además es una versión como muy violenta y muy sangrienta de Hamlet.

 

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¿Cuándo decidiste dejar de ser sólo consumidor de literatura y volverte productor o generador de literatura?

Fíjate que justamente por todo esto que te digo de mis problemas neurológicos, porque además de la epilepsia tengo ahí algunos trastornos, por ejemplo, en las manos, en la vista, yo me ponía muy mal cuando era niño y un día mi mamá me dijo —por qué no escribes cuando te sientas mal, y yo dije —¡ay, eso de que carajos me va servir!, ¿no? Pero un día estaba tan desesperado que sí, me puse escribir lo que sentía, me puse escribir sobre todo como me gustaría sentirme, y me di cuenta de que sí, era muy terapéutico y a partir de eso no he dejado de escribir jamás. Yo tiemblo mucho de las manos y de los pies por lo mismo; escribía en mi pupitre, escribía todo el tiempo ahí, con el compás, rayaba y rayaba; y un día la maestra me pregunto —Alejandro, ¿por qué escribes tanto en la banca?, y le dije —maestra, yo escribo para dejar de temblar”. Y la maestra se impactó mucho porque creyó que era una alegoría, una metáfora, pero era literal, me ayudaba también a evitarme estos temblores causados un poco por la epilepsia.


¿Qué escribe actualmente Alejandro Paniagua?
Bueno, acabo de terminar de escribir un libro de poemas narrativos, yo soy muy fan de La Ilíada, entonces crecí con la idea de que la poesía es narrativa, de que la poesía se usa para narrar. Ahora la poesía más en boga es la poesía lírica, pero yo siempre he tenido esta idea de que la poesía primordialmente narra, entonces es un libro que habla también sobre violencia, muchos tipos de violencia, la violencia de la guerra, de género, intrafamiliar, psicológica, pero todo en poesía. Es justamente tratar de romper las fronteras entre un género y el otro.

Y estoy escribiendo otra novela que trata sobre un tipo al que le ofrecen construir un cementerio clandestino en su terreno, en sus hectáreas, y él está tan desesperado por cuestión de dinero que acepta y lo que no sabe es que estos restos humanos son justamente de la violencia, de la tortura; además le sumamos que también por ahí anda la nieta viendo los huesos, los torsos que están por ahí tirados en el cementerio, y decide interactuar con ellos. Como vez, tiene mucho que ver con Hamlet. Esta niña es como una versión de Hamlet que también interactúa con la muerte y pierde la inocencia justamente viendo estos elementos tan terribles de la violencia México.

*Agradezco el apoyo de Ovidio Ríos, Leticia Carrera y Gilberto Gómez Lara, quienes me auxiliaron para la realización de esta serie de entrevistas. 

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